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Con estas páginas quiero presentaros mi ciudad, la Sevilla milenaria, la Tartésica, la romana, la islámica y cristiana, tal como yo la veo, ayudado por mi cámara de fotos que durante años me acompaña. Observad la información que os dejo para el mejor disfrute de sus calles, rincones, etc. La he dividido en varias secciones: patrimonio histórico y artístico, la ciudad que nadie ve, gastronomía y diversión.
Bajo este saludo encontraréis información de: transportes, alojamientos, restaurantes, monumentos, bares, la noche, mas un gran etc. Que podréis ir descubriendo vosotros mismos.
Sin olvidar la sección fotográfica, imágenes de Sevilla que podréis adquirir siempre que me enviéis un e-mail con dicha petición.
Gracias por estar aquí y no olvidéis mi lema: DISFRUTA SEVILLA CON TODOS TUS SENTIDOS

Un saludo. Manuel C. Viñuelas

Murallas de la Macarena 1100 - 1199

El lienzo de muralla existente entre las Puertas de la Macarena y de Córdoba tiene una longitud de 520 metros, y formaba parte del recinto que rodeaba a la ciudad, construido en época almorávide, en torno al año 1134. La barbacana en cambio es una obra almohade del año 1221, fechas en las que también fueron restauradas y sobrealzadas las murallas de época almorávide.

Se conservan la muralla, la barbacana, las torres y dos de las puertas.

El espesor de la muralla es de 1,90 metros, el de la barbacana de 1,45 metros y ambas están separadas entre sí una distancia de unos 3 metros. Tanto la muralla como la barbacana se coronan con almenas que disponen de saeteras abiertas a tramos regulares.

Las torres se sitúan a distancias variables comprendidas entre 40 y 50 metros, ocho de ellas son rectangulares, con una anchura de 4 metros y sobresalen del paramento 4,5 metros. Son macizas hasta al Paseo de Ronda, que pasa a través de ellas. En la intersección presentan una sala abovedada desde la que se accede a la azotea superior, almenada, a través de una escalera.

La torre más monumental es la novena, conocida como la Torre Blanca. Su planta es un exágono irregular, con dos pisos abovedados y terraza superior.

Las puertas se disponían de forma acodada, aunque esta disposición fue alterada en la puerta de la Macarena en la restauración del siglo XVI. La puerta de Córdoba si la conserva aún y se ubica dentro de un torreón con patinillo interior.

La muralla está construida con cajones de tapial de medidas más ó menos regulares, y aún se distinguen los huecos de las agujas de separación de las tablas del encofrado.

Este lienzo de muralla fue construido en el periodo almorávide en torno al año 1134 bajo el reinado del sultán Ali Ben Yusuf por mandato del cadí de Sevilla Abu Bark. La barbacana es de época almohade, de 1221, y fue construida por orden de Abu al-Alá.

Presentan un buen estado de conservación, ya que en los años 80 se llevó a cabo una importante restauración cuya segunda fase se ejecutó en 1987. Esta intervención arqueológica propició un conocimiento del conjunto mucho más adecuado del que se tenía con anterioridad.

Hospital de la Sangre 1546 - 1599

La construcción renacentista del Hospital de las Cinco Llagas está considerada por algunos expertos como un hecho urbanístico en sí mismo, en el que el enorme edificio, el más extenso después de El Escorial de los construidos en la España del siglo XVI, se enfrenta, con su planta de 170 m. de lado, a la cerca almohade y al conjunto de la ciudad.

Situado, pues, frente a la muralla y encarando la puerta de la Macarena, se situaba también junto al acceso a la ciudad desde la parte norte, constituyendo, como se ha dicho, un hecho urbanístico de primera magnitud.

El crecimiento urbano a su alrededor no fue rápido, sino paulatino, generándose como primer crecimiento externo a la cerca, el barrio de la Resolana, situado entre el edificio y el río Guadalquivir, que, sin embargo, se mantuvo poco densificado hasta la segunda mitad del siglo XIX. El resto del entorno del edificio es construcción de este siglo y buena parte de él no se edifica sino después de la guerra civil del 36.

La situación actual del edificio es bastante compleja. Se ubica en una enorme manzana que comparte por un lado con el patio de acceso cerrado con una verja y la plaza ajardinada que lo separa de las murallas almohades. Por el otro, el espacio está tomado, nos atreveríamos a decir que al asalto, por un complejo hospitalario, el Hospital Clínico de la Virgen de la Macarena, uno de cuyos edificios, el que alberga el Policlínico, invade claramente el espacio marcado por las trazas originales del hospital.

A ambos lados se sitúan dos vías de gran circulación, entre las que la calle Don Fadrique, antigua calzada de acceso a la ciudad, ha cedido protagonismo circulatorio a San Juan de Ribera y su continuación Dr. Fedriani.

Su planta cuadrada, de 170 m. de lado, se divide en un damero de nueve espacios abiertos, tres de los cuales, los de fachada, fueron posteriormente modificados, subdividiéndose los dos laterales y quedando el central como compás de la iglesia realizada por Hernán Ruiz el Joven, en época posterior a la de la fábrica hospitalaria.

La parte delantera, los tres claustros luego alterados, cobijaba los servicios hospitalarios, los seis espacios restantes son claustros separados por las crujías de enfermos, las cuales constituyen dos cruces unidas por los brazos, una para los hombres y otra para las mujeres.

En este esquema destaca la introducción del buque de la iglesia en el patio central cercano a fachada, adoptándose la variante heterodoxa de edificarla exenta, al contrario de lo que es habitual en los hospitales de la época.

Mención especial merece la iglesia, un espacio de gran singularidad y, al decir de muchos, uno de los hitos del renacimiento hispano. Inaugura el tipo de iglesias de exterior prismático, llamadas de "cajón", que tendrían amplia resonancia en la arquitectura andaluza.

Su planta se dispone en forma de cruz de brazos muy cortos, con testero interior en ábside, que es plano en el exterior y con el cuerpo de la nave dividido en tres cuadrados cubiertos por bóvedas vaídas. En los dos cuadrados primeros se abren cuatro capillas laterales a cada lado, cubiertas con bóveda de cañón de eje transversal, sobre las que cabalga una monumental tribuna.

El elemento unificador del alzado es el orden jónico de medias columnas, suspendido sobre capiteles péndolas o cuencos de lámpara. El manierismo del autor surge en mil detalles de arquitectura imposible, como el propio orden sustentado por un trozo de entablamento dórico, balaustradas a las que nadie puede asomarse, puertas descentradas, efectos ópticos en el ábside, etc.

Volumétricamente, el hospital tiene una fuerte componente horizontal, como resulta lógico de sus dimensiones en planta. La fachada central se presenta regida por la presencia de la portada construida en mármol y situada en el eje, avalada por la situación de las dos torres de los extremos, rematadas en chapitel cerámico de irisados colores, recientemente restaurados.

Otras dos torres marcaban los vértices del recinto, existiendo en la actualidad sólo una de ellas, la que se sitúa en el ángulo N.O.

Todas las cubiertas son a dos aguas, haciendo las cruces de las naves a igual altura de cumbrera. En términos generales, que abarcan la totalidad de la obra restaurada, son de teja curva, manteniéndose alguna de la zona no restaurada con cubrición de fibrocemento colocada para su protección provisional. En la parte que sirve como sede del Parlamento se abren, siempre en la parte interior del edificio, algunas series de tragaluces, de ventana plana inclinada, para dar iluminación al espacio bajo cubierta.
La iglesia está construida totalmente en piedra, siendo su cubierta de azotea con los planos muy inclinados revestidos de loseta cerámica. La portada de la iglesia es, como las columnas y balaustradas de los patios, de mármol de Portugal.

El proyecto original del hospital planteaba la construcción de cuatro fachadas y sus respectivas torres en los ángulos. Sin embargo no pudo culminarse el edificio y sólo se terminaron las fachadas oeste y del mediodía, y se remataron las torres noroeste y suroeste. Recientemente se ha concluido la torre sureste y parte de la fachada de levante, además de colocarse en el atrio dos fuentes de mármol que con anterioridad se encontraban en los patios interiores. El edificio presenta dos pisos en altura, articuladas las fachadas por medio de pilastras y columnas. En el piso bajo, sobre un plinto, se alzan pilastras toscanas cajeadas, entre las que se abren pequeñas ventanas rematadas por frontones rectos. En el cuerpo superior aparecen columnas jónicas, surgiendo entre ellas interesantísimos balcones flanqueados por balaustres de orden jónico, rematados en frontones triangulares con acróteras. Estos balcones se pueden considerar como ventanas ya que el nivel del suelo en el interior, más bajo, no corresponde al del exterior. Los distintos módulos culminan en gárgolas y sobre la portada principal se abren dos buhardillas con vano adintelado con orejetas, flanqueado por pilastras rematadas en ménsulas y un frontón curvo que contiene en su interior otro recto, quedando rotos ambos por una especie de ménsulas. Al exterior el edificio presenta una sola portada que se abre en la fachada sur. Construida en mármol blanco, ofrece dos cuerpos en altura. El primero con vano adintelado, flanqueado por columnas toscanas pareadas con fuste estriado, que apoyan sobre pedestales. Entre aquellas figura una hornacina y sobre el dintel una lápida con la una inscripción en latín, que traducida dice "Doña Catalina de Ribera, y don Fadrique Henríquez de Ribera, Marques de Tarifa, Adelantado del Andalucía, con no menor gusto que piedad mandaron hacer este amplísimo Hospital para curar pobres, intitulado de las Cinco Llagas de JesuChristo; y los Reverendísimos Patronos y Administradores de su hacienda, para mas perfecta memoria de tan grandes Príncipes, hicieron esta puerta en el año de 1617". Sobre una cornisa volada, se alza el segundo cuerpo, el cual presenta balcón abalaustrado con vano adintelado entre columnas jónicas, flanqueadas por pilastras rematadas en ménsulas y dos escudos laterales. Sirve de remate un frontón, en cuyo centro presenta volutas y el escudo de armas de la casa de los fundadores entre ángeles tenantes. Culmina la portada en una cruz de cerrajería.

En cuanto a las torres, la del ángulo suroeste ofrece tres cuerpos en altura. Los dos primeros similares al resto de la fachada, presentando el último un vano geminado de medio punto, en el que se aprecian motivos ornamentales de filiación serliana, flanqueado por balaustres y rematado por chapitel piramidal con aplique de azulejos recientemente renovados. En la torre noroeste, la compartimentación es la misma con registros cuadrados y rectangulares a ambos lados del balcón. Aquí el chapitel aún presenta los azulejos originales. En ambas torres aparece una balaustrada en alto relieve, que parece demostrar que originalmente el hospital presentaba dicho elemento en sus fachadas. En la restauración efectuada en 1991, se incorporó de nuevo dicha balaustrada.

El hospital fue concebido como un gran rectángulo con cuatro torres cuadradas en los ángulos, distinguiéndose en el conjunto dos partes esenciales: la crujía de fachada con sus patios anexos y las salas de enfermos que al cruzarse determinaban la presencia de seis patios, en uno de los cuales, en conexión con el patio abierto tras la galería de acceso, se incluyó la iglesia. Actualmente subsisten las salas de enfermos, rectangulares y muy alargadas, y los siguientes patios. Adosados a la crujía de fachada se localizan, en el ala oeste, dos patios, uno de planta rectangular y tres galerías (patio A) y un segundo de planta cuadrada (patio B). En el ala este se ubican otros dos patios, uno cuadrado con fuente al centro (patio C) y otro con disposición rectangular y sólo tres galerías (patio D). Estos espacios abiertos poseen como elementos de soporte, columnas de mármol portugués que sostienen galerías de arcos de medio punto, en planta baja, y rebajados en la alta. Los arcos quedan enmarcados por alfices.

Las cubiertas son de sencilla viguería de ladrillo por tabla.

Tras la galería de acceso al hospital, se abre un espacio porticado que al incorporar la iglesia, adopta una planta irregular en la que se yuxtaponen dos rectángulos (patio E).

En él, las galerías son de arcos de medio punto sobre columnas toscanas pareadas que en sus ángulos apoyan en ménsulas con elementos figurativos. Los arcos quedan enmarcados por alfices. Este mismo tipo de soporte se repite en el piso alto, como acceso a los salones principales del inmueble, siendo los arcos rebajados. Las cubiertas de estas galerías son de viguería con ladrillo por tabla. Como acceso a la segunda planta, se localiza en el lado oeste de este patio, la escalera, la cual se cubre con un alfarje de madera ochavado.

A izquierda y derecha de la iglesia, se localizan dos patios (patios F y G) con disposición cuadrada, si bien el segundo tan solo posee dos galerías. Al patio occidental se accede a través de una portada de ladrillo, con vano rebajado, sobre la que aparece un crucifijo y los escudos de los fundadores del edificio.

En el ángulo noroeste del edificio existe otro patio de planta cuadrada (patio H) y tras la iglesia, una vez cruzado el espacio de las dependencias de la biblioteca, se ubica el último patio conservado, el cual presenta planta rectangular (patio I). Estos patios presentan como soportes pilares de ladrillo, sobre los que voltean arcos de medio punto tanto en planta alta como baja. Sus cubiertas, al igual que el resto de los patios son sencillas viguerías de ladrillo por tabla.

Alrededor de los distintos patios del inmueble se distribuyen las dependencias. Las correspondientes a las crujías de fachadas, tanto en el piso alto como bajo, presentan plantas cuadradas y rectangulares, habiendo sido habilitadas para oficinas administrativas y sedes de los distintos partidos políticos, careciendo estos espacios de interés artístico.
Respecto a las salas de enfermos, éstas conservan su disposición original, a modo de grandes naves alargadas y rectangulares, con cubierta de viguería de ladrillo por tabla, que en los cruces determinan dos espacios cuadrados.

Actualmente se usa como biblioteca y unida a ella se localizan los despachos administrativos del servicio bibliotecario que ofrece como cubrición bóveda de cañón con lunetos. En los cruces de las antiguas salas de enfermos existen dos interesantes bóvedas, la oriental con yeserías planas de tipo geométrico o cartones recortados, y la occidental sobre arcos escarzanos, de cantería y círculos concéntricos. Sobre estas naves se localizan tres espadañas. Calderón Quijano analiza la situada en la nave oriental, que denomina como Clínica de la Esperanza, la cual presenta un arco de medio punto que remata en frontón ondulado, en cuyo centro aparece un círculo, culminando en una veleta y cruz de hierro forjado. Conserva cuatro mechinales que inducen a pensar en la posible existencia de una celosía. Similar a esta espadaña es la de la nave occidental, aunque no remata en cruz y veleta. Existe otra que da al patio F, que el citado autor denomina como patio del Cardenal. De un solo cuerpo ofrece una triple arquería de vanos de medio punto. Sobre ella, un frontón curvo ondulado, roto al centro, de donde emerge un piñón con la fecha en un círculo de "1912", probablemente la de una de sus restauraciones.

Como ya se indicó, en el patio ubicado tras la galería de acceso al hospital, se ubica la iglesia, la cual rompe con la tradición constructiva hospitalaria, al disponerse exenta del resto del edificio. Su planta es de cruz latina, con una sola nave de dos tramos y pequeñas capillas laterales rectangulares. El crucero posee brazos poco desarrollados, siendo la capilla mayor de planta semicircular. La sacristía ubicada tras el altar mayor presenta planta rectangular. Entre la iglesia y la sacristía, se ubica una escalera de caracol que sirve de acceso a la azotea del edificio y comunica con la cripta. Respecto a los soportes del templo, aparte de sus propios muros, es importante señalar los capiteles-péndolas, sobre los que se asientan potentes columnas jónicas adosadas que sirven de soporte a los arcos fajones y formeros que sostienen las distintas bóvedas.

En cuanto a las cubiertas interiores, presenta bóvedas vaídas en la nave y crucero, y bóveda de horno o cuarto de esfera en el presbiterio. La sacristía, por su parte, ofrece bóvedas de arista, con casetones y motivos geométricos.

La iglesia presenta tres portadas: la principal y dos laterales, en el lado del Evangelio y la Epístola, respectivamente. La portada principal situada a los pies de la iglesia está concebida a modo de arco triunfal, con dos cuerpos y frontón triangular como remate.

El cuerpo inferior es dórico, presentando arco de medio punto con ménsula en la clave, flanqueado por dobles columnas dóricas que se elevan sobre podium y sustentan un entablamento con triglifos. En las enjutas y clave del arco, se sitúan tres relieves con la representación de las virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad, realizados en 1564 por Juan Bautista Vázquez el Viejo. El segundo cuerpo, ofrece hornacinas entre columnas jónicas pareadas, que flanquean un arco de medio punto con ménsula en la clave, sobre el que se sitúan los escudos de los patronos y la inscripción alusiva a Santo Tomás y al título del Hospital: "QVIA VIDISTI ME THOMA/CREDIDISTI BEATI QVI NON/VIDERUNT ET CREDIDERVNT". En las enjutas puede leerse la inscripción "AÑO 1567". Un entablamento abombado de filiación serliana da paso a un frontón triangular que culmina en acroteras en forma de jarrón. Destaca en la portada, el cuidado diseño, así como la ornamentación geométrica de los intercolumnios y jambas.

Las portadas laterales abiertas en el crucero, ofrecen un esquema similar, siendo su diseño más sencillo que la principal del templo. Presentan arcos de medio punto con ménsula en la clave, flanqueado por columnas jónicas sobre pedestales, con hornacina central entre registros ovalados. Sobre el arco de ingreso, friso decorativo, jarrones sobre las columnas y hornacina avenerada como remate.

En cuanto a las fachadas del templo hospitalario, hay que decir que la fachada de los pies presenta a ambos lados de la portada, dos módulos salientes articulados por pilastras dóricas, jónicas y corintias, entre las que se abren varias ventanas y óculos, ofreciendo el último cuerpo sillares almohadillados, y sobre la portada una ventana de iluminación a la iglesia. Las fachadas laterales ofrecen la misma articulación, rematando en ventanas termales palladianas. La fachada de la cabecera remata en una espadaña de piedra, con arco adovelado de medio punto, pilastras adosadas en las jambas y frontón recto como remate. En su interior existe una campana con la inscripción, no legible totalmente: "SOLANO ME FECIT. AÑO 1714". Remata la fachada de la iglesia en especie de pirámides rematadas en bolas.

Respecto a las cubiertas exteriores, todas son de tejas a dos aguas, exceptuando la de la iglesia que es de terraza.

El inmueble presenta un atrio rectangular, que se desarrolla delante de la fachada principal, cerrado por rejas de hierro y pilares, en el que se ubican dos fuentes de mármol.

El Hospital de las Cinco Llagas o de la Sangre fue fundado por doña Catalina de Ribera, Condesa de los Molares. Su primer establecimiento fueron unas casas propias situadas en la calle Santiago, collación de Santa Catalina, obteniendo para ello, del Papa Alejandro VI, Bula fechada el 13 de mayo de 1500. En 13 de enero de 1505 moría la condesa, quedando como patronos del PP. Priores de la Cartuja de las Cuevas, de San Jerónimo y de San Isidoro del Campo.

Será el primer Marqués de Tarifa, D. Fadrique Enríquez de Ribera, quien dé el impulso definitivo a la fundación hospitalaria. Tras su muerte acaecida el 6 de noviembre de 1539, mediante cláusula testamentaria dispuso que se realizara un nuevo hospital con mayor prestancia. Seguidamente los patronos ya reseñados tomaron a su cargo dicha iniciativa, eligiendo el norte de la ciudad, fuera del recinto amurallado, como lugar idóneo para su edificación. Concretamente fue en el entonces arrabal de la Macarena donde se empezó a construir el que iba a ser uno de los edificios más significativos de la arquitectura española del siglo XVI. El Hospital fue dedicado a la Pasión del Redentor y a la curación de mujeres, denominándose de las Cinco Llagas.

Para elegir la traza que debía seguirse en el nuevo inmueble, los patronos enviaron al arquitecto de la Iglesia y Obispado de Cádiz, Francisco Rodríguez Cumplido, a Toledo, Santiago y Lisboa, con el fin de estudiar y copiar las plantas de sus hospitales. A la vez que dicho maestro presentaba sus diseños, lo hacían los arquitectos Luis de Villafranca, Luis de Vega y Martín de Gaínza. No lo suficientemente satisfechos con los proyectos presentados, llamaron también a otros ilustres maestros como Pedro Machuca, Hernán Ruiz el Joven y Gaspar de Vega, además de los sevillanos Diego Hernández, Benito de Mora y Juan Sánchez.

Las obras se adjudicaron tras la reunión celebrada el día 15 de junio de 1545 por fray Pedro Pérez, prior de la Cartuja, fray Andrés Pecelleri, prior de San Isidoro del Campo y fray Rodrigo de Jerez, prior de San Jerónimo. Los dos primeros apoyaron el proyecto de Martín de Gaínza, mientras que el último se inclinó hacia el de Rodríguez Cumplido.

Definitivamente fue Gaínza quien ganó el concurso, asignándosele un salario anual de 20.000 maravedíes. Muy pronto se comenzó el acarreo de la piedra desde las canteras de Morón y del Puerto de Santa María, mientras que los mármoles y jaspes se trajeron de Portugal. Se comenzaron a abrir las zanjas el día 25 de marzo de 1546, colocándose la primera piedra el 12 de mayo.

El Hospital fue dedicado entonces a la curación de mujeres. El 26 de febrero de 1559, el obispo de Duvasten, Sanabria, bendijo la parte construida y la iglesia provisional, estrenándose el día 5 de marzo, una vez concluidas las labores de los salones y oficinas del oeste.

En abril de 1568, se produjo una grave epidemia de peste en Sevilla, y por petición del asistente de la ciudad, don Francisco Hurtado de Mendoza, fue habilitado el hospital y el Corral de San Bernardo, para socorrer a los afectados. Hechos similares a éstos se produjeron en 1580 y 1601.

Hubo desde los comienzos de construcción del inmueble hasta el siglo XIX, personajes que con distintas donaciones intentaron dar mayor prestancia al edificio.

Ya en el siglo XIX, concretamente en 1808, el hospital fue ocupado por los militares. En 1837, tras la centralización de los hospitales, sirvió como almacén de obras de arte que iba aglutinando la Junta Municipal de Beneficencia, creada por R.O. de 13 de Octubre de 1836.

Desde marzo de 1972, el inmueble pasó a depender de la Excma. Diputación Provincial de Sevilla, iniciándose en octubre de 1982, el expediente de cesión gratuita a la Junta de Andalucía. Actualmente, la parte del edificio rehabilitada, es sede del Parlamento de Andalucía.

La fundación del Hospital de las Cinco Llagas se produce en un momento histórico, mediados del siglo XVI, en que la ciudad de Sevilla está en pleno auge económico y edificativo. Su obra es fruto de varias etapas constructivas, continuadas en el tiempo, pudiéndose decir que el conjunto del inmueble se realizó durante el siglo XVI, y en el siglo XVII sólo se ejecutan algunas labores importantes. Bajo la dirección de Martín de Gainza, autor del proyecto, se ejecutaron las fachadas sur y oeste, ésta última hasta la altura de las cornisas, con algunas de las naves y patios situadas tras ellas, la torre del ángulo suroeste y el arranque de la torre noroeste. Estas labores fueron realizadas entre 1545 y 1556.

El 17 de junio de 1558, es nombrado maestro mayor, Hernán Ruiz el Joven, quién permanecerá al frente de las obras hasta 1569. Se encarga entonces de completar el ala de poniente del hospital, sobre todo, en lo que se refiere a cubiertas, así como la culminación de la torre noroeste. Pero, sin lugar a dudas, su labor más significativa será la traza y ejecución de la iglesia, diseñada en 1558, debiéndose a él su disposición exenta.

Entre 1569 y 1584, fue el hermano de Hernán Ruiz, Francisco Sánchez, el director de la obra, atribuyéndosele los sectores más septentrionales del inmueble.

En 1590, se requirió a varios arquitectos a fin de tratar sobre el modo más conveniente de cubrir la iglesia, cuestión que fue resuelta acometiéndose su labor, si bien se adoptó el sistema abovedado en detrimento del artesonado en principio proyectado.

Entre 1615 y 1617, se acometió la construcción de la portada principal del edificio, con las trazas dadas por Miguel de Zumárraga, así como las buhardillas y dependencias de la fachada principal.

En el segundo cuarto del siglo XVII, se acomete la construcción de los sectores más orientales, habilitándose como sala de convalecientes.

El Hospital de las Cinco Llagas responde originalmente al estilo renacentista. En planta, sigue la disposición de los centros hospitalarios del momento, si bien mantiene una estrecha relación y dependencia respecto al Hospital Mayor de Milán.

Pero quizás sea la iglesia, considerada como una de las obras maestras del manierismo español, la estructura que mayor innovación ofrece en el inmueble. Su particularidad reside en situarla el arquitecto exenta del resto del edificio, rompiendo de este modo la tradición hospitalaria que venía manteniéndose desde la época de los Reyes Católicos, y acercándose si cabe a la solución adoptada en el hospital milanés. A la iglesia se la tiene además como síntesis estructural y ornamental de la arquitectura del siglo XVI sevillano, y de notable influencia en la de los siglos XVII y XVIII.

Palacio de la Condesa de Lebrija 1500 - 1599

Se trata de una magnífica casa cuya estructura organizativa responde claramente al esquema tipológico de la casa patio sevillana. Sin embargo, en cuanto a los materiales que la construyen, de muy distinta procedencia, permiten entenderla como un espléndido "collage" de episodios acabados, autónomos.

De cualquier forma, la cualidad de las articulaciones y relaciones entre ellos permite hacerla partícipe de las estructuras organizativas que definen la casa sevillana.

El zaguán, que da paso al patio principal, conserva el pavimento "opus sectile" procedente de Itálica, y los zulejos de cuenca del siglo XVIII, procedentes éstos de Arcos de la Frontera, así como la magnífica puerta de madera maciza de caoba tachonada de grandes clavos de matal, que debió ser la puerta que tuvo la casa en el siglo XVI.

El patio principal, de dos plantas, está construido en sus cuatro frentes por arquerías de arcos de medio punto sobre columnas de mármol en la baja y balcones en la alta.

La alquería está profusamente decorada con yeserías mudéjares realizadas a finales del siglo XIX. El pavimento de las galerías que circundan el patio lo constituyen mármoles, serpentinas y pórfidos procedentes de Itálica.

El que ocupa el centro del patio es un espléndido mosaico romano (6,85 x 6,82 m.) procedente igualmente de la ciudad de Itálica.

La escalera principal, de tres tramos desiguales, construida en la última reforma, ocupa uno de los ángulos del patio y reúne materiales de muy diversa procedencia de los siglos XVI y XVII. El magnífico artesonado y el friso renacentista proceden del palacio de los Ponce de León, de Marchena.

Los azulejos, del convento de San Agustín de Sevilla, fundación, asimismo de los Ponce de León. La balaustrada, de madera de caoba, copia realizada en la reforma de la Condesa de Lebrija, de otra existente en una casa de Sanlúcar de Barrameda.

El salón central, que permite poner en relación el patio principal con el jardín, así como el resto de los salones de planta baja (Cuarto Ochavado, Sala de medusa, Sala de Dionisios, Sala de Garimedes), están igualmente pavimentados, revestidos y decorados básicamente con materiales romanos de Itálica.1914: Reformas a cargo de José Sáez López.

La casa cuenta, por otra parte, con abundante material (esculturas, epígrafes, cerámicas, vidrios, etc.) de otras épocas de excepcional interés.

La fachada, de dos plantas, se labra a la calle Cuna, aunque cuenta con otra entrada a la casa (garaje9 a través de la pequeña calle Adelfa. Está dividida en calles, delimitados por pilastras y grandes huecos situados en aquéllas.

La portada, renacentista, de mármol blanco, está flanqueada por columnas que sostienen un entablamento sobre el que apoya el balcón central, con antepecho de hierro de forja y rematado por un frontón curvo.

La Casa de la Condesa de Lebrija ocupa en Sevilla el solar de la que a finales del siglo XVI mandara construir la familia de los Payba, de cuya época conserva la portada y algunos elementos importantes de su interior. Fue reedificada en el siglo XVI, y adquirida por el Conde de Corbos y más tarde propiedad de los Conde de Miraflores de los Angeles. A finales del siglo pasado fue adquirida por la Condesa de Lebrija, quién mandó hacer importantes reformas, llevadas a cabo personalmente y que configuraron la imagen definitiva que hoy presenta.

Edificio de la Antigua Universidad Literaria 1500 - 1799

El edificio se implanta en la calle Imagen, y comprende la antigua Casa Profesa de la Compañía de Jesús y la iglesia, dedicada a la Encarnación, abriéndose la fachada lateral de la ésta a la plaza del mismo nombre.

La iglesia es de planta de cruz latina y desde ella se puede acceder al recinto universitario por la puerta de la Concepción, situada en el brazo de la Epístola. Esta puerta está constituida por un arco de medio punto flanqueado por pilastras dóricas y rematada por un frontón recto decorado, al igual que las enjutas del arco, con discos planos.

La Casa se distribuía en torno a dos patios con galerías, configuración que sigue conservando hoy. El primero, de mayores dimensiones distribuía las clases y en una de sus diagonales se situaban las escaleras, estando cubierta la principal por una hermosa techumbre ochavada, de lacería mudéjar, realizada a finales del siglo XVI. El segundo, de dimensiones más reducidas, agrupaba en torno a él el paraninfo, la biblioteca y los laboratorios así como otras estancias menores.

Como hemos dichos los dos patios eran porticados, y tenían respectivamente tres y dos plantas. El mayor tenía arcos de medio punto sobre columnas de mármol en planta baja, y arcos rebajados flanqueados por pilastras y cerrados por ventanales en las plantas segunda y tercera. El otro contaba en sus dos plantas con arcos rebajados apoyados en columnas de mármol, que en la segunda se cerraban también por ventanales.

En medio del patio principal se conserva la escultura en bronce del fundador Ámese Rodrigo de Santaella, obra de Joaquín Bilbao fechada en 1900. A fachada, una doble crujía acogía los espacios más públicos del recinto: vestíbulo, rectorado y oficinas.

El alzado exterior originalmente constaba de tres cuerpos, correspondientes a sus tres plantas, separados por molduras, y portada de piedra, disminuyendo las dimensiones de los huecos recercados conforme ascendíamos.

En 1924 el arquitecto José Gómez Millán acomete la reforma integral de la antigua fachada, quedando resuelta con un lenguaje regionalista que ennoblecía y acomodaba al estilo del momento la presencia urbana del edificio. Los tres cuerpos iniciales se convierten en dos separados por molduras, comprendiendo el primero las plantas primera y segunda, y el otro, la planta tercera.

Se introducen en la fachada un nuevo ritmo, mediante la aparición de pilastras, y un nuevo eje compositivo formado por la superposición de portada, balcón de nueva apertura sobre ésta y remate a modo de espadaña. Además las ventanas de la tercera planta aumentaron sus dimensiones y se transforman en balcones y los pretiles se adornan con remates que coronan las pilastras.

La intervención para acomodarla a Facultad de Bellas Artes, proyectada por Galnares Sagastizábal, introdujo varias plantas de sótano en toda la superficie del antiguo edificio, por lo que su destrucción fue completa. La nueva implantación restituyó la posición y dimensiones de los antiguos patios, con la recolocación de algunos antiguos elementos constructivos, aunque con volumetría e imagen diferentes. Del antiguo edificio hoy sólo resta la capilla y las arcadas de los patios.

Desde entonces el edificio consta de cuatro pisos y otro abuhardillado, transformándose la fachada tanto en el ritmo vano-macizo como en los materiales que la revisten.

Fue la Casa Profesa de la Compañía de Jesús antes de la expulsión de éstos en 1767. La construcción se inició siguiendo en principio la planta de conjunto para ésta y el templo trazada por el arquitecto jesuita Giuseppe Valeriani, que mantiene gran semejanza con la edificación que finalmente fue construida.

La traza de la zona dedicada a Casa Profesa fue rectificada por otro arquitecto jesuita, Juan Bautista Villalpando, en tanto que la iglesia se transformó por una junta de oficiales presidida por Hernán Ruiz II, que en ese momento ejercía como Maestro Mayor de la Catedral de Sevilla.

En 1565 se inició la construcción del templo, en tanto que la Casa no se inició hasta 1581. La puerta de la Concepción, que desde la iglesia daba paso a la Casa, data de 1568.

Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, el asistente Pablo de Olavide, eleva un informe a la Corona proponiendo que la Universidad se desplace a este edificio, traslado que se llevará a cabo en 1771, convirtiéndose en la segunda sede de la Universidad. Con el nuevo edificio se consiguió una completa reorganización de la Universidad, desligándola del Colegio de Santa María de Jesús.

A mediados del siglo XIX se decidió realizar obras de mejora en sus instalaciones para acomodarla a los nuevos tiempos. Mucho más adelante y dentro del ambiente de preparación de la Exposición Iberoamericana de 1929, en el que se concedió gran importancia a la idea de Ornato Público de las instituciones, se le encarga en 1924 al arquitecto José Gómez Millán la reforma integral de la antigua fachada de la Casa Profesa que se reedificó en estilo regionalista.

Tras el traslado de la Universidad a su nueva sede, la fábrica de Tabacos, en los años 50 y transcurrida algo más de una década, se promueve la instalación en sus dependencias de la Facultad de Bellas Artes, encargándose el proyecto al arquitecto José Galnares Sagastizábal, continuando así como sede académica el edificio que durante casi doscientos años constituyó el escenario de la vida universitaria de la ciudad.

Edificio Asilo-Hospital de Nuestra Señora de la Paz 1574 - 1702

La edificación comprende al conjunto de convento-hospital e iglesia. El convento-hospital se distribuye en torno a un patio de planta cuadrada conformado por galerías de arcos de medio punto que apoyan sobre columnas, en planta baja, y balcones con decoración de yesería en planta alta.

En esta zona del conjunto encontramos además un salón con columnas pareadas de mármol y una escalera de mármoles policromos. La iglesia es de tres naves con crucero y cabecera plana, las naves laterales se cubren con bóveda de cañón con lunetos, separadas por columnas con arcos de medio punto, destacando la decoración de yesería rococó.

La fachada tiene tres cuerpos con remate y está flanqueada por dos torres campanario. En el primer cuerpo, cuatro columnas dóricas semiempotradas enmarcan la portada y sostienen al friso que se sitúa sobre ella. El segundo cuerpo sitúa en su zona central cuatro columnas, entre las que se disponen hornacinas con esculturas y a los lados pilastras decoradas. El tercero contiene una ventana central enmarcada por pilastras-estípites. Corona la portada un frontón roto que enmarca un cuerpo central con óculo.

En cuanto a la decoración, en el segundo cuerpo encontramos las esculturas de San Agustín, San Juan de Dios y la Virgen, y las pilastras se decoran con ángeles, niños y rocallas, elemento este último que se repite como decoración en el tercer cuerpo, rodeando a la ventana.

La Iglesia fue construida durante los siglos XVI y XVII, realizándose la redecoración de la portada en el siglo XVIII. El hospital es de los siglos XVII y XVIII, fechándose la escalera en 1794.

El edificio fue utilizado hasta fines del siglo XVII, en que se produjo una profunda reestructuración, que debió terminar a comienzos de la siguiente centuria. El púlpito está fechado en 1702 y esta parece que puede ser la fecha de terminación de las obras. Otra importante reforma tuvo lugar en 1770.

En 1835 tiene lugar la exclaustración, abandonándose el inmueble y destinándose a fines políticos. En 1880 vuelven los religiosos hasta 1978, en que se clausura por declaración de ruina que afecta fundamentalmente a los forjados de la primera crujía de la fachada de varias salas hospitalarias. Se restauró de 1982 a 1989, realizándose las obras a cargo del arquitecto Rafael Manzano Martos.

Posada del Lucero 1700 - 1799

La posada del Lucero se halla situada en la calle Almirante Apodaca que, transformada a lo largo de los tiempos, ha formado parte históricamente de uno de los ejes de penetración a la parte central del recinto cercado por la muralla almohade, considerado unánimemente como el Centro Histórico de la ciudad de Sevilla.

La importancia de la calle como eje de penetración, ratifica la adecuación de su función como posada, hoy ya perdida debido a la transformación de los sistemas de transporte y de los lugares urbanos donde se concentran los lugares de hospedaje.

En el tramo de calle en que se ubica, situado entre las iglesias de Santa Catalina y de San Pedro, se llevó a cabo una fuerte transformación a finales del siglo XIX, al sustituirse el frente de casas de la acera de los pares por el edificio de corte neoclásico que había de servir como sede de los juzgados de Sevilla, transformado hace pocos años en sede del Archivo Histórico y Hemeroteca municipales y de la Junta de Andalucía.

En la acera de los impares, la propia del monumento, el frente de casas mantiene, en mejor o peor estado, las viviendas tradicionales, salvo las dos últimas, ya en contacto con la Plaza de San Pedro, de construcción moderna, que fueron retranqueadas de la alineación histórica, dentro de la operación general de ensanche de esta vía de penetración hacia el centro.

Queda pues la posada como un edificio encastrado en la manzana que la alberga, acompañado de un frente de casas de tipo tradicional que ocupa toda la longitud de la fachada de la manzana, salvo un par de casas en su extremo, que quedan rehundidas en su alineación, "desapareciendo" de la perspectiva visual más inmediata, y "presionada" por la mole del edificio de los antiguos juzgados que, con sus dimensiones, desacostumbradas en la trama de la zona, marca el tramo de la calle donde se halla el monumento.

Estilísticamente la Posada del Lucero se halla inmersa en la tipología de mesones y casa de postas tan frecuentes desde el siglo XVI. De este modo, se dispone en torno a dos zonas, la primera, alrededor del patio principal, situado en la parte anterior del edificio, con portada a la calle, y una segunda destinada a caballerizas, normalmente al fondo del inmueble.

La tipología del edificio responde a una ordenación basada en tres espacios. En fachada, un cuerpo edificado que en poco difiere en su aspecto exterior de la vivienda tradicional sevillana, aunque en su interior, en la planta baja, el espacio tras el portón está ocupado por un zaguán o apeadero que lo conecta con el patio.

Este constituye el centro y mecanismo organizativo del segundo cuerpo, más amplio que el primero, que distribuye las estancias en torno a un espacio trapezoidal, porticado en dos de sus lados. La escalera está situada en un rincón de este segundo recinto y da servicio, tanto a las estancias del patio, como a los pisos altos del bloque de fachada, al que se accede por una de las galerías de aquel.

El tercer espacio, al fondo de la parcela, al que se accede por la parte central del patio, lo forman las cuadras, de geometría constructiva irregular. Desde este tercer espacio, un pequeño pasadizo da acceso, hoy tapiado, a un adarve situado en la calle de San Felipe.

Volumétricamente, la parte delantera, ya se ha dicho, no difiere en su aspecto y dimensiones de una casa tradicional de tres plantas (baja y dos altas), con balcones en sus huecos, que se abren, recercados en color albero, en el tradicional paramento blanco. La cubierta es de azotea.

Los materiales de la edificación corresponden a la tipología de arquitectura civil no culta de la época. Los muros son mayoritariamente de ladrillo, como se atestigua en las partes en las que el revoco exterior permite vislumbrar la fábrica, aunque no se descarta la existencia de tapial y otras fábricas en lugares puntuales, especialmente en las zonas medianeras y traseras del edificio.

Los forjados están constituidos con estructura de madera y en los pavimentos predomina la baldosa, cerámica ó pétrea. Los paramentos verticales están revestidos con revoco en el exterior, que presenta los típicos blanqueados en los paños y recercados en color albero en los huecos. En el interior el revestimiento es a base de enfoscado, preparado para pintar.

En el zaguán, tras el portón de madera, el pavimento es de adoquín que cubre también el patio. Las carpinterías son todas ellas de madera y la rejería de balcones y cancela del zaguán, metálicas.

Las cubiertas están formadas con madera y soportan faldón de teja curva. La Posada del Lucero ofrece en fachada una gran sencillez. Sólo es significativa y realmente visible la fachada sur. En ella se abre la puerta de acceso al inmueble, la cual presenta vano adintelado y portalón como cierre. A derecha e izquierda, se ubican dos comercios, que ocupan zonas del edificio, ofreciendo prácticamente la misma disposición que la puerta principal, si bien se hallan bastante transformados. Una sencilla cornisa sirve de transición con el primer cuerpo, donde se abren dos balcones con vanos adintelados y baranda de hierro, que constituyen la planta principal del inmueble. Sobre este primer cuerpo se eleva un segundo con otros dos balcones de las mismas características de los reseñados. Culmina la fachada en antepecho ciego de sencilla estructura.

Exteriormente también se percibe parte de la fachada este, la cual no ofrece particularidad alguna, si exceptuamos los gruesos pilares a modo de contrafuertes. A través de un vano adintelado, se accede al zaguán, el cual presenta planta trapezoidal y sencilla cubierta de madera. En él se abren cuatro puertas que comunican con estancias de planta irregular, con cubiertas de madera de sencilla traza. Un arco rebajado con cancela, comunica el zaguán con el patio principal de la posada. El mismo presenta galerías de arcos de medio punto en los frentes norte y este, en planta baja, mientras que la alta presenta tres galerías, en los frentes norte, sur y este. Los arcos apoyan sobre columnas, tanto en planta alta como en baja, alternándose los órdenes toscano y el llamado de "castañuelas". Las enjutas aparecen ornamentadas con triángulos. Las galerías bajas aparecen abiertas, mientras que las superiores están tabicadas, presentando balcones. El ala oeste del patio posee en planta alta, una galería o balcón corrido con baranda y finas columnas de hierro con zapatas, como soporte del tejado. Este es a un agua.

En el ángulo sureste del patio, se abre la escalera de acceso a la planta alta existiendo en los lados este y oeste, distintas dependencias de servicio, hoy prácticamente inutilizadas, las cuales presentan planta rectangular y sencillas cubiertas de madera. En el lado norte se abren las otrora cuadras, con disposiciones rectangulares en planta, localizándose en ellas el que denominaremos segundo patio del inmueble. De planta trapezoidal, se levanta sobre pilares cuadrados en planta baja, y pilarcillos de madera con zapatas, en alta. En el ángulo noreste se localiza un estrecho pasillo con puerta al final, hoy sin uso, que al parecer comunicaba con la calle San Felipe.

Como ya se indicó, en el ángulo sureste del patio principal se localiza la escalera, la cual presenta caja rectangular con dos tramos y un rellano, y cubierta plana. En uno de sus muros existe una especie de óculo ovalado enmarcado por una moldura. En planta alta la Posada ofrece la siguiente distribución. El ala este hace la función de galería de tránsito entre las distintas dependencias del inmueble. Así comunica con el ala sur, actualmente la zona habitada del edificio, a través de una pequeña puerta adintelada. Además enlaza con la galería norte de acceso al segundo patio y a la azotea. Estos pasillos, así como la zona de viviendas ofrecen sencillos artesonados como cubiertas, con arcos rebajados sobre ménsulas en el ángulo noreste, abriéndose a él las distintas habitaciones que conformaban la Posada. Las mismas poseen puertas adinteladas, plantas tendentes a lo rectangular, cubiertas de madera, a excepción de las del lado este que lo son de techo plano, presentando sobre su dintel un azulejo con el número de la habitación.

En el ala norte de esta planta principal del edificio, se localizan el acceso al segundo patio y a la azotea. El primero se realiza mediante puerta adintelada, surgiendo a ambos lados y en las propias galerías del patio, habitaciones rectangulares con sencillos artesonados como cubierta. A la azotea se accede mediante una sencilla y estrecha escalera, con contrahuellas decoradas con azulejos. En la misma se abren las últimas habitaciones del edificio, con la misma disposición y cubierta ya señalada. Cierra esta azotea una especie de antepecho con baranda de hierro y pedestales cuadrados. Como cubierta, tejado a un agua.

Nada conocemos respecto a la historia de este edificio, salvo su posible construcción en el siglo XVII y las posibles reformas del XVIII. Se carece de datos suficientes como para poder señalar la fecha y distintas fases de construcción de este singular edificio, pero todo parece indicar que pudo ser edificado en el siglo XVII, si bien en el XVIII y, muy probablemente en el presente siglo, debió sufrir reformas que aunque no parece que alterara su disposición en planta, si se introdujeron cambios ornamentales.

El patio principal presenta elementos probablemente del siglo XVII, y fue reformado en el XVIII. En la ciudad de Sevilla, a mediados del presente siglo aún se conservaban mesones de semejantes características. Era el caso del mesón de la plaza de la Alfalfa o el de la Encarnación. En la provincia, aún se conservan algunas posadas, cuya distribución espacial recuerda a la sevillana del Lucero. Es el caso de la Posada de la Concepción, en Lebrija, o la desaparecida del Sol, en Écija.